Mujeres venden sus cuerpos por 100 pesos bajo arboles de pirul en Pachuca

Published On 21 abril, 2013 » 18082 Views» Mujeres

Por: Ivon Melo

PACHUCA DE SOTO, 21 Abr (News Hidalgo).- Entre escombros y basura, sabanas viejas, cartones, hules rotos que son sujetados a viejos palos, y como colchón un pedazo de alfombra. Escondidas bajo las sombras de árboles de pirul y cual “mariposas libres” un grupo de trabajadoras sexuales venden su cuerpo por tan sólo 100 pesos a la orilla de la carretera, muy cerca de Pachuca.

–Antes cualquier árbol era bueno para trabajar, un simple cartón y un trapo ahí, ahora tenemos que hacer casas para trabajar, antes éramos 4 o 5, había mucho trabajo, así inició “Los Órganos” sostiene “Mariposa”, una mujer de aproximadamente 60 años quien ofrece sus servicios desde hace 30 años ahí.

Divididas a lo largo de un kilómetro, y con horarios ya establecidos, cada una de las mujeres tiene ya asignado un árbol para atender a sus clientes. Aquí no hay agua, ni camas, mucho menos jacuzzi, apenas un viejo hule que impide la visibilidad a los automovilistas, y escondido bajo piedras un rollo de papel higiénico y el cliente que sigue.

La prostitución en Pachuca tuvo su auge en los años 50 s entre las calles de Santiago y Valentín Gómez Farías, donde funcionó la llamada “Zona de Tolerancia o Zona Roja”, y donde rubias o pelirrojas, dejaban ver sus prominentes bustos, de cinturas estrechas, y caderas que hipnotizaban con su caminar.

Pachuca lejos de ser la Ciudad tradicionalista y moralista, albergo el placer, entretenimiento y la sensualidad, convirtiéndola en una famosa Ciudad del Turismo Sexual a la que acudían caballeros de cualquier estatus social.

Famosa por sus “accesorias” en los que medio centenar de mujeres ofrecían sus servicios, o marquesinas iluminadas de mil colores que atrajeron a hombres de todo el país para alimentar el placer.

Es con el alcalde Eduardo Valdespino Furlong, quien acaba con la seducción y el vicio de esas calles, en las cuales hoy simplemente quedan ruinas. El martes 3 de abril de 1984 se apagan las luces que muchas noches dieron color, al igual que la música, y donde empresarios y hombres poderosos bailaron con bellas damas al centro de la pista.

Quedaron atrás esas escenas, en las que decenas de mujeres recargadas con cigarrillo y bolso en mano, esperaban al caballero trajeado con sombrero.

Considerada como la actividad más antigua del mundo, la Prostitución se ejerce desde hace 30 años en el Boulevard Santa Catarina entre los ejidos de Santiago Tlapacoya y el Huixmi en el paraje denominado como los “Órganos” lugar que sido refugio del placer, lujuria, el pecado y peligro.

“La sociedad dice que es el trabajo más fácil y nos llamaban putas”, mariposa toma aire mientras su mirada se pierde por el bulevar y responde – no somos putas, somos trabajadores sexuales…”.

Mariposa es una de las 11 trabajadoras sexuales que ofrecen sus servicios, pero como en cualquier trabajo tienen horarios y reglas que cumplir para tener derecho a un árbol donde “trabajar”.

En medio de la nada, de cuevas y basura, van apareciendo los jacales, escondidos entre árboles y viejas sabanas, algunas amarradas con los tirantes de algún viejo brasier como prueba de la lujuria y el pecado que ahí se respira.

Muchas prefieren construir sus “jacales”, otras pagan 100 pesos por la construcción de uno mejor, como el que se ubica a unos 100 metros de la carretera y muy cerca de la entrada al Huixmi, denominada la “Choza VIP”, ubicada al pie de un frondoso árbol que impide la caída directa de los rayos del Sol, totalmente cubierto por hules y cartones, y como cama una vieja alfombra.

Cada árbol representa su área de trabajo, pero también su herencia, y como si fuera plaza de la SEPH, aquí de igual forma se hereda el árbol, a la hija, nuera, cuñada, nadie que no sea familiar o que tenga autorización puede instalarse como si nada.

El aire mueve las ramas de los viejos arboles de pirul, mientras que las mujeres que son atacadas por los rayos del sol, esperan sentadas sobre pedazos de blocks la llegada de algún cliente, a lo lejos el conductor de un tráiler estaciona su unidad.

“Los que nunca faltan son los traileros que pasan días fuera de casa”, dice “Mariposa”, quien es regañada por otra mujer, la cual se aleja rápidamente, no sin antes advertirle que se lo dirá…

“Mis hijos saben que soy prostituta y ¡que!”, recuerda que luego de ser una obrera común, paso a satisfacer las pasiones prohibidas y secretas de sus clientes, escondiendo durante muchos años la verdad a sus pequeños hijos.

No fue sino hasta que sus hijos iban a la secundaria que les dijo la verdad, “de donde creen que sale todo esto”, para de inmediato ser cuestionada ¿Cómo es ese trabajo? ¿Dónde? Y así respondió a todas sus dudas, sin ocultarles nada, ahora dice, ya son padres de familia.

Con voz entrecortada confiesa que “No es fácil este trabajo…” muchas de las veces son amenazadas con arma de fuego, en otras ocasiones las golpean, pero lo más duro dice, es la discriminación de una sociedad moralista, –el panorama es desolador, algunos curiosos asoman atrás de las ventanas de los automóviles, otros las saludan con sus claxon, y que ante la promiscuidad y morbo circulan a baja velocidad.

Los Órganos se ubican sobre el bulevar Santa Catarina a solo 10 minutos del Centro de Pachuca y es común observar a mujeres sentadas abajo de un árbol, de pequeñas faldas y pantalón, en espera de un cliente que simplemente contrate sus servicios por 5 minutos a cambio de 100 pesos.

Mujeres de cabellos de plata y rostros surcados por el tiempo, dispuestas a saciar hasta el último deseo y fantasía de los hombres, para ganarse 500 pesos al día, y en el mejor de los casos mil pesos, pero antes hay que atender a 10 hombres.

“Hacemos de todo pero cuesta más”, el servicio de 100 pesos es solamente por 5 minutos dice reconoce Mariposa, sin embargo aclara, un servicio adicional de sexo oral equivale a 300 0 400 pesos, y visitar un motel lo cual requiere estar más tiempo con el cliente se pide 500 pesos.

Aún sin un billete en la bolsa, la mujer de aproximadamente 60 años y quien padece diabetes, dice esperar algún cliente nuevo o sencillamente la llamada de “Juanito” quien por años ha contratado sus servicios.

El viento adorna con polvo cada rincón de sus chozas, apenas un rayo escurre entre los hules, iluminado una imagen desgastada y polvosa de la Virgen de Guadalupe que se sujeta de un palo viejo, lo que refleja su creencia y devoción.

La falta de higiene llega acompañada de enfermedades e infecciones, pero eso no les impide laborar de lunes a sábado; tienen que cuidar que la piel no rose con la suya, obligar al cliente a colocarse el preservativo, acudir a sus citas de control y revisión, son las formas al menos en “Mariposa” de prevenir Enfermedades de Transmisión Sexual, como ladillas (parásitos que se producen por el contacto entre el vello de dos personas por mantener actividad sexual promiscua) ETS que se ha presentado en alguna de las trabajadoras de los órganos.

La peor noticia sería saber que son portadoras del VIH, –no voy a decir nombres pero hay una que trabaja en los bares, y tiene sida, lo peor es que se embarazo y ahora su niña también lo tiene—confiesa Mariposa, quien cambia de tema rápidamente.

Lo que para muchos el día Domingo representa un descanso, para ellas es un día más de trabajo, desde temprana hora rodean el Centro Histórico de Pachuca para después sentarse en una banca al pie del Reloj Monumental y esperar a cliente.

Aquí la tarifa es diferente “en el centro se cobra más, porque el cliente paga el hotel, ahí cobro 200 pesos más hotel…” menciona Mariposa, quien reconoce que las autoridades municipales tienen conocimiento

A diferencia de otros trabajos, aquí no hay una jubilación, mucho menos prestaciones, como tampoco edad para trabajar, puedes llegar a los 60 o 70 años, y seguir laborando, Mariposa deja de ser ama de llaves y recamarera, para ser una trabajadora sexual, que ha sido señalada por una sociedad moralista como la de Pachuca, que por más que lo intenten la lujuria y el deseo no acabara.

Experiencias y recuerdos amargos se guardan en la memoria de cada una de las trabajadoras sexuales de “Los Órganos” quienes tienen repartidos horarios a partir de las 8:00 am, pero nadie puede quedarse después de las 17:00 horas, por el temor a ser asaltadas, entre otros riesgos.

Llegar muy temprano, “arreglar” su árbol donde solo se respira desesperanza, sentarse a esperar sin importar el calor, viento o la lluvia, pagar de 20 a 25 pesos al que cuida las chozas para quitar las sabanas polvosas y sucias, y lavarlas diariamente en sus casas, es un día normal de trabajo para ellas en Los Órganos.

El timbre del celular suena, sin tapujos dice “en 20 minutos llego a tu departamento…” después nos diría que era un cliente de aproximadamente 80 años, que paga 600 pesos por un “rato”, otras veces hasta 3,000 mil pesos le ha dado por una noche completa. “Solo que ya tómese su pastilla Don Chuchito, para que cuando llegue le haga efecto”.

“Que los hijos te vean aquí, o que los amigos de tus hijos te quieran contratar” sin duda dice, son momentos muy difíciles y los cuales ha pasado muchas veces, pero Mariposa antes de ser una prostituta, es una mujer que no se avergüenza por su trabajo y que está al frente de un hogar, con hijos y nietos.

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*ETS: Enfermedad de transmisión sexual

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